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Todo lo vintage… vuelve

Chicas de carne y hueso

Todo curvas, desde los labios a los tobillos, las chicas de los calendarios de los años 50 posaron antes para el pintor Gil Elvgren. Actrices como Donna Reed y Kim Novak, además de su propia mujer, Janet, hicieron de modelos para él.

Las chicas pin-up tienen los labios rojos y la cintura estrecha. Sus piernas infinitas y desnudas terminan en un par de zapatos de tacón, incluso cuando acaban de salir de la ducha. Son todo curvas perfectas desde los rizos al pecho, de los muslos al tobillo. Cuando nadie se atrevía a hablar de sexo, allá por los lejanos y felices años 20, ellas se fueron quitando la ropa y posaron para la posteridad. Gil Elvgren (1914-1980) fue uno de los artistas que pintó a estas mujeres de carne y hueso.

Eran las chicas de calendario (“pinned-up” significa colgada en la pared) aunque también se las llamo “cheesecake” que, para los no golosos, significa tarta de queso. Imaginen el por qué. Gil Elvgren empezó su carrera en el 45 y terminó en el 72. En todo ese tiempo tuvo muchas modelos, algunas actrices tan famosas como Myrna Loy, Donna Reed, e incluso Kim Novak. De hecho, en los años 50, actrices que estaban empezando en Hollywood iban a ver a Elvgren a su estudio y le pedían que las pintara para luego aparecer en los calendarios. La mujer de Elvgren, Janet Cummings, también posó para él.

Algunos dibujantes, colegas de Elvgren y miembros de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York, le envidiaban. Decían que, aunque su labor no gozase del favor de la crítica, Elvgren tenía la suerte de pintar chicas guapas casi cada día mientras ellos cumplían a desgana con encargos aburridos y, a veces, mal pagados.

En los años 50, Elvgren, que ya empezaba a hacerse famoso por sus encargos publicitarios, se mudó con su familia a una casa más grande y decidió montar un estudio en el ático, que tenía unos grandes ventanales por los que entraba la luz, el pincel más poderoso. Aunque al principio trabajaba en solitario, al poco tiempo contrató a un asistente que le ayudaba a fotografiar a las modelos y que preparaba el decorado -modesto, sencillo- que luego el pintor transformaba.

Algunos dibujantes, colegas de Elvgren y miembros de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York, le envidiaban. Decían que, aunque su labor no gozase del favor de la crítica, Elvgren tenía la suerte de pintar chicas guapas casi cada día mientras ellos cumplían a desgana con encargos aburridos y, a veces, mal pagados.

En los años 50, Elvgren, que ya empezaba a hacerse famoso por sus encargos publicitarios, se mudó con su familia a una casa más grande y decidió montar un estudio en el ático, que tenía unos grandes ventanales por los que entraba la luz, el pincel más poderoso. Aunque al principio trabajaba en solitario, al poco tiempo contrató a un asistente que le ayudaba a fotografiar a las modelos y que preparaba el decorado -modesto, sencillo- que luego el pintor transformaba.

Cuando le preguntaban qué modelos eran las que más le interesaban, Elvgren respondía: “La verdadera joya es la chica capaz de transmitir emociones muy distintas”. Las prefería muy jóvenes, entre los 15 y los 20 años, y que estuvieran despegando en sus carreras. Sólo entonces, decía , conservaban la espontaneidad que, con el paso del tiempo, va escondiéndose.

Sobre su técnica, el pintor explicaba que añadía sus “toque personal”, que consistía en dar más forma al pecho, alargar las piernas y estrechar la cintura, para hacer a la mujer más atractiva (y un poco menos real). También rellenaba un poco los labios, siempre rojos, y hacía los ojos más grandes. Elvgren cuidaba la escenografía, escogía con mimo el vestuario de la modelo y tardaba horas en decidir su corte de pelo. Cada detalle contaba. Después, tomaba la fotografía con una Rolleiflex y, al final, empezaba a pintar.

“Muchas de las pinturas de Elvgren eran encargos publicitarios”, cuenta el ilustrador Fernando Vicente. “El anuncio de Copertone en el que aparece un perro bajando el bañador a una chica [en la imagen, arriba], lo hizo Elvgren”, explica. Varios de esos trabajos eran encargos de la editorial norteamericana Brown & Bigelow. En los años 40, era la mayor editora de calendarios en el mundo. Sus almanaques llegaban a 50 millones de hogares.

Cuando le preguntaban qué modelos eran las que más le interesaban, Elvgren respondía: “La verdadera joya es la chica capaz de transmitir emociones muy distintas”. Las prefería muy jóvenes, entre los 15 y los 20 años, y que estuvieran despegando en sus carreras. Sólo entonces, decía , conservaban la espontaneidad que, con el paso del tiempo, va escondiéndose.

mariapilar_crespo/

Estas mujeres resaltaban el físico de una época que parece quedó atrás. En la actualidad las modelos que podemos ver en las pasarelas distan mucho de ser el tipo de mujer real de carne y hueso. Esa mujer real que camina por la calle, trabajar, ríe con sus amigas, cuida de sus hijos. Esa mujer “normal” con sus curvas, con su celulitis, con las marcas de sus experiencias en su físico, en su rostro, en su cuerpo. Esas mujeres necesitan dejan de pensar en “divas” irreales que vistan unas tallas extremadamente pequeñas, con esos cutis perfectos a base de photoshop. Arriba las mujeres reales, con sus virtudes, sus defectos. Porque su físico, tal y como es, es perfecto.

 

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